

El Campillo se sitúa en pleno centro de la comarca de la Cuenca Minera de Riotinto, a medio camino entre Zalamea la Real y Minas de Riotinto. Esta privilegiada situación convierte el municipio en un estratégico cruce de caminos para el turista. Por estas tierras se concentran suficientes atractivos para plantearse una pausada y provechosa parada.

Hace más de 5000 años que el hombre reside en estas tierras.
Entre las huellas de esta presencia están los restos de antiguas culturas
como la megalítica, que ha dejado un conjunto de dólmenes cuyo
mejor ejemplo es el dolmen de La Cantina.
Por las tierras de El Campillo pasaron tartesios, griegos y fenicios hace
tres milenios y se conformó una industria minera que llegaría
a los más sofisticados métodos de extracción del mundo
antiguo durante la época romana. De esta etapa existe una importante
explotación del siglo II d.c. en el paraje conocido como Cabezo de
la Cebada.
Con
la integración de estas tierras al dominio cristiano hacia 1251 por
parte de Fernando III El Santo, la historia de El Campillo se funde directamente
con la de Zalamea la Real, de la que fue primero asentamiento y luego aldea
hasta su segregación, con la llegada de la II República, en
1931.

Arquitectura
Popular.
Esta población pasó por dos fases bien diferenciadas: la agrícola
antes de la eclosión de la minería del siglo XIX y la propiamente
industrial, sobre todo tras la llegada de los ingleses de la Rio Tinto Company.
Unpaseo por el pueblo nos muestra por un lado El Campillo "viejo"
con sus caseríos agrícolas y por otro El Campillo "nuevo",
con los barrios mineros. El Campillo "viejo" es un pequeño
y coqueto conjunto de calles estrechas. El Campillo "nuevo" se conforma
como un conglomerado urbano construido como ciudad para los trabajadores mineros.
El
Parque de los Cipreses.
Es un rincón fresco, verde, que nvita al paseante a hacer una parada
y que, con buen tiempo, se convierte en una de las áreas de descanso
más queridas por los paisanos. Cuenta con una gran extensión
de cipreses con buena sombra, mesas de piedra para hacer barbacoa, un circuito
deportivo y un pequeño zoo para los amantes de los animales. En el
mismo lugar se ubica el monumento a la locomotora de ferrocarril, fiel reflejo
del desarrollo minero de años atrás.
Dolmen
de la Cantina.
Esta situado en la finca de La Cantina. Se trata en realidad de un dolmen
procedente de la cultura megalítica funeraria, de hace más de
cinco milenios.
Yacimiento del Cerro de la Cebada.
Esta situado en la cota más alta de una loma. De las primeras casas
parte una calle hacia "La Crucecita". Desde allí, se llega
a una línea de ferrocarril de vía estrecha rozando la finca
Fábrica Vieja. Justamente enfrente de este lugar se halla el yacimiento.
Las
Aldeas.
El municipio cuenta con algunas pequeñas poblaciones que merecen una
visita. Prueba de ello, Traslasierra, con algo menos de 58 vecinos y 52 viviendas.
Un paseo por sus calles le hará trasladarse a otros tiempos, donde
las actividades relacionadas con elcampo formaban la principal fuente de ingresos.
Traslasierra posee un mirador natural desde donde el visitante podrá
recrearse admirando los múltiples cerros aterrazados para el aprovechamiento
humano.
La naturaleza está intrínsecamente unida a la mina. El hecho de que las explotaciones sean a cielo abierto ha provocado un enorme impacto en el paisaje. Pero la vegetación aparece de improviso jugando a matizar con sus verdes el color ocre, casi lunar, que llena estas explotaciones cargadas de historia.
La sensación de estar en otro mundo continúa más allá, en dirección norte donde nos encontramos con la zona de la represa de cobre y del oro, destinada a almacenar el agua utilizada en os procesos mineralúrgicos. La represa destaca por su colorido y sus estériles aguas que varían en sus tonalidades verdosas o azuladas.
Frente
a este mundo artificial, nos encontramos por el sur con la dehesa. Aquí
todo cambia drásticamente De repente volvemos a estar en una región
sureña, casi mediterránea, donde crecen las encinas, los alcornoques
y el matorral, combinados con pinos y eucaliptos que ofrecen una imagen
más cercana de lo que debió ser El Campillo más tradicional.
Carnavales.
Semana
Santa.
Destaca
la famosa quema de Judas. La tarde del sábado se plantan unos monigotes
tipo espantapájaros en las calles hechos por los vecinos con trapos
viejos y rellenos de paja. Después al llegar la media noche se queman
con el alborozo de los niños. Una vez que ha ardido y se ha producido
la resurrección se arrastran ristras de latas unidas unas con otras
con cuerdas por todo el pueblo provocando un ruido sobrecogedor.
Romería
de la Santa Cruz.
Es el primer fin de semana de mayo comienzan los actos oficiales del programa
de fiestas, que continúa un día después con actos culturales,
musicales, folclóricos y religiosos. El día se inicia con
una gran diana y salva de cohetes, en la que se recorre la población
al son del tamboril. Luego el mayordomo y sus acompañantes se reúnen
en un lugar llamado Cuatro Vientos. Tras la recogida del romero en el campo
se realiza la entrada en el pueblo para realizar la ofrenda. Los actos del
domingo se inician con una misa en la iglesia parroquial tras la cual parten
las carrozas y caballistas hasta un lugar llamado el Rocalejo, donde los
asistentes pasan un día de campo.
Fiesta
del Pirulito.
Se celebra con motivo de la fiesta de San Juan. En éstas se levantan
unos palos desde el suelo que los lugareños visten de adelfas y ramas.
Después, a su alrededor, es típico del lugar bailar y cantar
según una costumbre ancestral.
Fiestas
Locales.
En estas fiestas duran cinco días y se inician con una salva de cohetes;
siguen diversas pruebas deportivas, conciertos, coronación de la
reina de la fiesta y damas de honor y entrega de menciones honoríficas
a los campilleros que se hayan destacado a favor del pueblo. Los restantes
días destacan por la cabalgata de gigantes y cabezudos, las dianas,
las pruebas deportivas, bailes y actuaciones.
Día
de la Villa.
Se celebra
todos los años el 23 d e agosto.
Festival Ecléptico "A la sombra de un ciprés".
Gastronomía.
La gran riqueza
micológica que posee toda esta parte de la zona queda representada
con la seta estrella de la región, el gurumelo. Es delicioso de cualquier
forma, aunque los más eruditos lo prefieren simplemente a la plancha,
con aceite de oliva y una pizca de sal. La cocina campillera está
también muy influenciada por los guisos serranos y andevaleños.
En los establecimientos de esta localidad nunca faltan los típicos
jamones y otros derivados del cerdo ibérico.




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